Las fronteras del cuerpo y del objeto digital en la subjetividad contemporánea /

The boundaries of the Boddy and the Digital Object in Contemporary Subjectivity

 

 

Sumario:

 

1. El cuerpo: concreción que supone la abstracción y la alienación

2. La individuación y el estadio del espejo

3. El esquema postural: Recuperar y hacer una unidad con los pedazos de sí

4. La proliferación y ubicuidad de los objetos digitales

5. Características del mundo de los objetos digitales: lo Diginet

6. El modo en el que nos exteriorizamos en los objetos digitales: La datificación

7. Superposición de realidades y de soportes de presencia

8. Desequilibrio en los modos de articular nuestros soportes de presencia

9. Esquizo-existencialismo: Imposibilidad de recuperar los pedazos de sí

 

Resumen

 

El cuerpo es la realidad material de la subjetividad, que en sí misma no es nada concreto, sino más bien una abstracción conceptual. El cuerpo, podríamos afirmar, es el soporte fenomenológico del sujeto. A través de él, el sujeto aparece, se manifiesta en el sentido heideggeriano de Ersheinung. Apariencia no remite aquí a algo falso o desfigurado; sino todo lo contrario, señala la única forma en la que se deja ver la subjetividad, es decir, como referencia, sujeción, en última instancia como relación. Sin embargo, este término también nos da la idea de unidad, la subjetividad condensa relaciones en un individuo y es eso que justamente delimita las fronteras con otros individuos. Desde una perspectiva psicoanalítica, ontogenética y hermenéutica nos proponemos reflexionar sobre la relación que existe entre el cuerpo y los objetos en lo que refiere a la producción del yo y su articulación con la realidad. Nuestro objetivo con ello es generar un marco conceptual que nos permita abordar los desafíos que abren los objetos digitales en cuanto nuevos soportes de presencia y portadores de nuevos territorios existenciales.

 

Palabras claves: cuerpo, objeto digital, individuación técnica, datificación, Diginet

 

Abstract

 

The body is the material reality of the subjectivity, which in itself is nothing concrete, but rather a conceptual abstraction. We could say that the body is the phenomenological support of the subject. Through him the subject appears, manifest itself in the heideggerian sense of Ersheinung. Appearance does not refers here to something false or disfigured, on the contrary it point out the only way in which is possible to see the subjectivity, that is, as a reference, subjection, ultimately as a relation. However, this term give us also the idea of unity, the subjectivity condense all the relations in an individual and it’s precisely the boundaries with others individuals. From a psychoanalytic, ontogenetic and hermeneutic perspective we intend to think the relation that exist between the body and the objects as regards the production of the self and his articulation with reality. Our aim is to generate a conceptual frame that allows us to deal with the challenges brings forth by the digital objects as new presence supports and bearers of new existential territories.

 

Keywords: body, digital object, technical individuation, datification, Diginet

 

1. EL CUERPO: CONCRECIÓN QUE SUPONE LA ABSTRACCIÓN Y LA ALIENACIÓN

 

El cuerpo como tal es un territorio ambiguo, es  aquello que nos hace percibir el mundo pero que no podemos terminar de percibir completamente. Es el espacio más íntimo y más lejano al mismo tiempo. La imagen de sí mismo siempre ha sido un misterio para el hombre, porque físicamente, es imposible de captar. El mismo sirviéndose únicamente de sus sentidos no logra verse enteramente, ni darse una idea de sus dimensiones, de su apariencia. Esto sólo resulta posible respecto a otros cuerpos.

 

Señalaremos este bloqueo, este límite estructural, como el “inconsciente subjetivo corporal”. Con esta fórmula nos referimos a la incapacidad de toda singularidad a auto-verse y comprenderse enteramente. Pero esta inconciencia tiene la particularidad de ser una inconsciencia consciente. Se trata de una falta, de una carencia, de una opacidad, que resulta manifiesta al sujeto justamente en cuanto opacidad y pura negatividad de sí mismo. Poder ver ciertas partes de nuestro cuerpo nos da un dato sobre nuestra existencia, pero se trata de un dato incompleto, ya que no nos da acceso directo a la visión de la totalidad.

 

Dado que el cuerpo es una presa escurridiza y elusiva, la autoscopia sólo es posible a condición de que el sujeto se reifique, logre percibirse como una cosa exterior. Como consecuencia, la inconciencia subjetiva corporal crea en el sujeto una vocación de abstracción y un destino alienante. La conciencia de la propia opacidad produce la ansiedad en la búsqueda de la auto captación y decodificación total.

 

El cuerpo es para sí un ente sin apariencia. Este no lograr hacerse presente ante sí mismo, no podemos comprenderlo como otra cosa más que como un trauma estructural. Para que el cuerpo se auto-fenomenice es necesario, paradójicamente, que se vuelva un “otro”,  que se aliene, que se transforme en un objeto a través de algún tipo de desdoblamiento o artilugio técnico. Esta transformación supone un proceso de abstracción de su concreción física y una re-materialización en un objeto. Objeto reflectante, objeto estético, objeto mobiliario, objeto codificante, objeto de visión, objeto técnico.

Esta vocación externalista y alienante del cuerpo nos habla de una huida de sí, de un traslado a un objeto que puede ser de diversa naturaleza. Pero, resulta significativo que el hombre es el único animal que produce, guarda, convive, se rodea y depende, en gran medida, de numerosos objetos. Es que en los objetos materializamos nuestra necesidad de vernos como una forma, como una totalidad cerrada en sí misma.

 

A este respecto Jean Baudrillard afirma: "El objeto: este figurante humilde y receptivo, esta especie de esclavo psicológico y de confidente tal como se lo ha vivenciado en la cotidianeidad tradicional e ilustrado por todo el arte occidental hasta nuestros días, hace de reflejo de un orden total, ligado a una concepción bien definida de la decoración y de la perspectiva, de la substancia y de la forma. Según esta concepción, la forma es demarcación absoluta entre el interior y el exterior. Ella es un recipiente fijo, el interior es la substancia. Los objetos tienen así -los muebles particularmente-, más allá de su función práctica, una función primordial de receptáculo del imaginario. A ello corresponde su receptividad psicológica. Ellos son, de este modo, el reflejo del mundo donde cada ser es concebido como un “receptáculo de interioridad”, y las relaciones como correlaciones trascendentes de las sustancias – siendo la casa el equivalente simbólico del cuerpo humano, donde la potencia del esquema orgánico se generaliza posteriormente en un esquema ideal de integración de las estructuras sociales." 1

 

Creamos tantos objetos no sólo por placer o simple creatividad espontánea, ni mucho menos por una racionalidad puramente funcionalista. Creamos objetos primera y originariamente por un dolor que nos atraviesa, el dolor que implica no vernos y porque en ellos nos creamos y nos producimos a nosotros mismos. El sistema de objetos que nos rodea viene a ser un intento de concretizar y visualizar la propia totalidad que se nos escapa. Porque la totalidad es virtual, o mejor dicho, la totalidad sólo puede manifestarse o bien como virtualidad, o bien como alienación.

 

Los objetos funcionan, entonces, como imágenes deslocalizadas de nuestro cuerpo que subliman el deseo de autopercepción y totalidad. La energía productiva que los hace surgir nace de una disfunción orgánica, de un dolor existencial, de una carencia psicofísica estructural del ser humano.

La totalidad es algo ambiguo en la vida del hombre, es lo que siempre se busca (consciente o inconscientemente) pero que nunca se alcanza, es una tensión hacia el fin que nunca llega a término. En este sentido, el efecto que tiene es el de ser el motor de la función simbólica que produce las diversas manifestaciones y exteriorizaciones. Aunque resulte paradójico, es la imaginación, la encargada de producir el mundo objetivo. La imaginación creativa reviste de significación los objetos que nos rodean, produciendo así el entorno en el cual podemos movernos guiados por un “sentido” en el que nos vemos reflejados y nos sentimos seguros dado que nos podemos identificar y reconocer en él.

 

En síntesis, el cuerpo, como la concreción física más subjetiva supone la abstracción y la reificación más objetiva. Y el espacio vital que se establece entre el cuerpo y el objeto constituye, propiamente, aquello que llamamos “realidad”.

 

2. LA INDIVIDUACIÓN Y EL ESTADIO DEL ESPEJO

 

Este inconsciente subjetivo corporal, este bloqueo del cuerpo respecto a sí mismo nos indica que la imagen especular es parte de la estructura ontogenética del ser, es decir, un componente esencial en el proceso de individuación y subjetivación.

 

Tendemos a asociar inmediatamente la noción de subjetividad con una realidad íntima e interior del individuo que define su singularidad. Pero, en realidad, llegar a ser un sujeto singular, un “yo”, viene predeterminado orgánicamente por externalizaciones objetuales y alienantes.

 

La “ontogénesis” es principio de la individuación. Este termino es introducido por Gilbert Simondon para separarse tanto de la vía monista sustancialista, que considera al individuo como una unidad consistente en sí misma inengendrada, como de la vía dualista hilemórfica, que considera al individuo como la unidad engendrada por el encuentro de la materia y la forma, y  así, proponer un principio que de cuenta de la génesis de la individuación desde su fase preindividual.

 

El individuo es pensado desde una fase preindividual que no queda agotada en la individuación, y que hace surgir no sólo la singularidad individual sino la dupla constitutiva de individuo y medio asociado. La ontogénesis es definida por el autor como el carácter de “devenir” del ser, el devenir es la dimensión del ser que se corresponde a su capacidad de desfase respecto a sí mismo y de constitución en ese desfase. La realidad preindividual es aquella en donde no hay “fases”, el ente que se individua es aquél en el que aparece una resolución a partir de una repartición del ser en fases, esto es, precisamente, el devenir.

 

"La individuación corresponde a la aparición de fases en el ser que son las fases del ente; ella no es una consecuencia de un devenir aislado, sino esta operación misma en su proceso de realización, sólo es posible comprenderla a partir de esta saturación inicial del ser sin devenir y homogéneo que luego se estructura y se hace devenir, haciendo aparecer individuo y medio, según el devenir, que es al mismo tiempo una resolución de las tensiones primeras, y una conservación de estas tensiones bajo la forma de la estructura." 2

 

Desde los seis meses de edad, momento en el que el niño es aún menos inteligente motrizmente que un chimpancé, puede, sin embargo, reconocer su imagen en un espejo. Esta identificación temprana del sujeto a su imagen, es lo que se denomina, en el campo psicoanalítico, el “estadio del espejo”.  Esta fase para Lacan es reveladora de la matriz simbólica de la identidad, pues el “yo” se precipita como una forma primordialmente ficcional (en cuanto imago) antes de objetivarse socialmente o en el lenguaje."El punto importante es que esta forma sitúa la instancia del yo, antes de su determinación social, en una línea de ficción, que será siempre irreductible al propio individuo – o más bien, que no se unirá más que asintóticamente al devenir del sujeto, independientemente del éxito de síntesis dialéctica por el cual él deba resolver en cuanto yo su discordancia con su propia realidad. Es que la forma total de su cuerpo, por la cual el sujeto se adelanta en un espejismo a la maduración de su poder, le es dada como Gestalt, es decir, en una exterioridad (…)Así, esta Gestalt simboliza la permanencia mental del yo, al mismo tiempo que prefigura su destinación alienante." 3

 

A la asimilación especular del yo, Lacan la designa como “yo-ideal” y explica que constituye las capa fundamental sobre la cual se adhieren las identificaciones secundarias. De modo que este desdoblamiento del sujeto en imagen perceptible constituye el terreno sobre el que se llevarán a cabo las normalizaciones libidinales del individuo en el transcurso de su vida. Esto nos permite afirmar que las diversas formas de exteriorización en las que el sujeto logra reconocer una imagen propia, tienen efectos formativos concretos en el desarrollo de la subjetividad.

 

A diferencia de explicaciones trascendentales originadas en el plano abstracto de la consciencia, Lacan explica el origen de esta vocación alienante y externalista del yo desde un principio de insuficiencia orgánica. Se trata de una inadecuación de orden físico, de un desajuste del cuerpo a su propia realidad natural. El espejo funciona, entonces,  como una sutura que cose el abismo que separa al sujeto de su propia realidad. El cuerpo marcado por una inadecuación primordial con la naturaleza, por un inacabamiento estructural, recupera los pedazos de sí para constituir “una imagen que llamaremos ortopédica de su totalidad”. 4

 

Cuando los indios intercambiaban con los europeos oro por espejos no estaban siendo, en absoluto,  ingenuos. Este objeto reflectante significaba poder, y por eso los maravilló tanto y consideraban valiosa su posesión. La frase despectiva de: “intercambiar oro por espejitos”, no tiene ningún sentido, porque pasa por alto este hecho fundamental de la relación que existe entre la propia imagen y el poder ser un sujeto. Los indios estaban intercambiando oro por una nueva forma de percibirse y ganando así nuevas formas de devenir y de individuarse.

 

3. EL ESQUEMA POSTURAL: RECUPERAR Y HACER UNA UNIDAD CON LOS PEDAZOS DE SÍ

 

La imagen del cuerpo según Paul Schilder “es la imagen de nuestro propio cuerpo que nos formamos en nuestro espíritu”.5  Se trata de una imagen ortopédica como afirma Lacan, que reagrupa elementos heterogéneos como lo son las partes del cuerpo que podemos ver, las sensaciones táctiles, las sensaciones del interior de nuestro organismo, las imágenes especulares, nuestro reflejo simbólico en los objetos, la analogías con otros cuerpos, etc. Pero, a pesar del origen diverso de sus componentes nosotros la experimentamos de forma unitaria. Esta unidad es la “imagen tridimensional que cada uno se hace de sí mismo”.6

 

Esta imagen tridimensional Paul Schilder la designa en términos de “esquema postural del cuerpo”, esto es la conciencia de nuestra posición en el espacio según nuestro volumen corporal, nuestras extremidades, y la imagen de todas las zonas que de nuestro cuerpo que no percibimos directamente. Es decir, se trata de la totalidad y unidad virtual de nosotros mismos. Este esquema postural es aquello que nos permite diferenciar la derecha de la izquierda, desplazarnos en el espacio, interactuar con los objetos que nos rodean, en resumen es indispensable para actuar en el mundo y para relacionarnos con los demás.

 

El autor explica que la fórmula “imagen corporal” describe bien el concepto de “esquema postural” porque deja ver que es algo percibido sin ser una percepción directa, y que se trata de una imagen y no de una representación pura del espíritu. La imagen del cuerpo está a mitad de camino entre la percepción y la representación, y se halla siempre en constante construcción y deconstrucción.

 

El esquema postural establece el lazo que reconcilia al cuerpo con su entorno. Él es el modo en éste logra superar su inconsciente subjetivo corporal, su deficiencia orgánica. Es el puente que le permite conectar el abismo que lo separa de su propia realidad.

 

Resulta evidente, por lo dicho, que el esquema postural está estrechamente ligado al poder, al poder ser sujetos y manifestarnos como tal en el mundo.  Mientras más unitaria sea la percepción de nuestra imagen corporal con tanta más coherencia y autonomía podremos dirigir nuestros actos, comunicarnos con los demás, así como desafiar nuestras propias limitaciones (físicas y psíquicas) y superarlas.

 

Pero esta unidad no se relaciona con una unidad sustancial, con una totalidad cerrada en sí misma. La imagen del cuerpo es una realidad psíquica viva, que forma parte de un proceso ontogenético. Esta unidad no se puede pensar desde la estabilidad y la clausura sino desde estadios metaestables dentro de un proceso identitario en constante reformulación en relación con su medio y sus exteriorizaciones objetuales y simbólicas.

 

El individuo se constituye a través de saltos cuánticos de equilibrios sucesivos. La diferencia que existe entre la individuación física de los entes inertes y la de los seres vivientes, consiste en que los primeros se constituyen a través de equilibrios estables y los segundo a través de equilibrios metaestables. El equilibrio estable excluye el devenir porque se corresponde al más bajo nivel de energía potencial posible. Es el equilibrio que se alcanza en un sistema una vez que todas las transformaciones posibles han sido realizadas y ya no existe más potencial ni fuerza de cambio. Todo el potencial ha sido actualizado y el sistema alcanza el más bajo nivel de energía, y adquiere, de esta forma, un equilibrio estable. El ejemplo paradigmático de este equilibrio es la cristalización, proceso en el cual por un cambio en las condiciones, como un cambio de temperatura o de presión, una materia informe que posee determinadas propiedades se constituye de forma casi inmediata, brusca y definitivamente en algo organizado, en una estructura física estable y fija. De esta forma, el individuo no es medio, ni el medio individuo, ambos se separan de forma tajante en el momento preciso de la individuación física.

 

Por el contrario en el equilibrio metaestable de los seres vivos la energía potencial nunca se agota. El individuo conserva en sí mismo la actividad de individuación permanente. La actividad del ser vivo no reposa en el límite, como en el ser inerte, sino en una apertura y comunicación permanente con el medio, bajo un régimen de “resonancia interna” que exige que la metaestabilidad sea la condición de vida.7

 

El esquema postural hace referencia a una unidad y coherencia psicofísica del sujeto con su propio entorno vital que se da en función de cómo éste interpreta sus exteriorizaciones y genera una unidad metaestable de sí mismo. Por lo que, la dimensión hermenéutica de las imágenes de sí mismo resulta fundamental en este proceso.

 

4. LA PROLIFERACIÓN Y UBICUIDAD DE LOS OBJETOS DIGITALES

 

El sistema de objetos que estructura nuestra realidad en el siglo XXI es el de los objetos digitales. A través  de ellos nos exteriorizamos y nos relacionamos entre sí. Ellos son el nuevo modelo de exteriorización ya que constituyen nuevos tipos de espejos técnicos. Con los avances en la microinformática, la autonomía energética y la conexión a Internet móvil estos objetos se han vuelto cada vez más pequeños, portátiles y personales. En las últimas décadas los ordenadores han proliferado concretizándose de diversas formas y tamaños (smartphones, tabletas, ordenadores portátiles, libros electrónicos, etc.). Ellos pueblan cada vez más nuestro espacio cotidiano e intersubjetivo y ya no están confinados a un punto fijo sino que se hallan ligados a nuestro cuerpo y a su movilidad.

 

La otra cara de la ubicuidad que le otorgan los objetos digitales a la presencia humana es la ubicuidad que le otorga el cuerpo a los dispositivos técnicos. En efecto, los objetos digitales se han vuelto “móviles” gracias a que nuestro cuerpo funciona como su medio de transporte. Se trata de la implementación total en nuestras vidas de lo que se denomina “ubiquitous computing”.  Esta concepción de la informática fue expuesta por primera vez por Marx Weiser, investigador de PARC (Palo Alto Research Center) en 1993. En un artículo titulado “Some Computer  Science Issus in Ubiquitous Computing”, Weiser afirmaba que era necesario cambiar radicalmente la concepción de los ordenadores de escritorio y hacer que éstos dejen de depender de un cableado y se esparzan y distribuyan por el espacio físico de manera que se vuelvan omnipresentes e “invisibles” al usuario.

 

"Sólo unos pocos lugares en el mudo han empezado a trabajar en una posible nueva generación de ambiente computarizado en donde cada persona está continuamente interactuando con cientos de ordenadores interconectados sin cables. El objetivo es generar la más eficiente tecnología, que es aquella que resulta invisible al usuario. Hacer llegar a los ordenadores a ese punto y conservar su poder requerirá un tipo de ordenadores radicalmente nuevos de todos los tamaños y formas que estén disponibles para cada persona. A esto yo lo llamo 'informática ubicua'".8

 

Estas tempranas visiones de Mark Weiser se han hecho realidad. El contexto socio-técnico de los últimos diez años se halla caracterizado por una reducción de la brecha digital, el acceso generalizado a Internet, la expansión de las redes sociales y la aparición  del Internet de los Objetos. Los objetos digitales se han transformado en objetos personales y portátiles e Internet es accesible por doquier. Vivimos en una especie de ósmosis con nuestros dispositivos digitales y a través de ellos aparecemos ante los demás y ante nosotros mismos. Todas estas condiciones hacen que la relación con la realidad que establecemos a través de los objetos digitales determine el tipo de esquema corporal que está a la base de la subjetividad contemporánea.

 

Las transformaciones tecnológicas que ha atravesado la sociedad, sin duda, han ido marcando cambios en los modos de ser y de aparecer del ser. Podríamos afirmar que la técnica de nuestros días, hace que la realidad del sujeto contemporáneo resulte problemática. Ella se presenta como un escenario en el que se entreteje la realidad física y la realidad virtual. La suma de ambas es lo que configura el territorio existencial de nuestra época. No resulta posible establecer claros límites entre ellas, pues son permeables la una a la otra. La realidad virtual tiene efectos concretos y reestructura el mundo material y viceversa. Por ello, no resulta adecuado clamar que una es más real que otra, ya que las dos constituyen la amalgama de nuestro ambiente vital. Sin embargo, no podemos afirmar que esta hibridación signifique en modo alguno una síntesis en la que ambas realidades se fusionan. Esto no es posible dado que cada una de estas realidades se rige por leyes que difieren, e incluso en ciertos casos, se oponen radicalmente.

 

5. CARACTERÍSTICAS DEL MUNDO DE LOS OBJETOS DIGITALES: LO DIGINET

 

El sujeto puede fenomenizarse y aparecer a través de diferentes objetos. Una carta nos trae la presencia lejana de alguien, una pintura, o incluso una casa o un mueble puede hacernos aparecer una figura de nuestra infancia. Sin embargo, todos estos objetos, más allá del grado simbólico y abstracto que posean, se insertan en un espacio vital físico. Para leer el libro hace falta el objeto material y activar una disposición física de los ojos, una postura corporal y nuestra capacidad neuronal.

 

Por el contrario, para usar los objetos digitales no basta con poseer el objeto material, sino que hay que activar asimismo un entorno codificado para que éste funcione. La llegada de los objetos digitales ha traído consigo la adición de un nuevo territorio existencial. La particularidad de estos objetos es que ellos abren un nuevo tipo de realidad en la que se inscribe la presencia subjetiva. Se trata de lo que vagamente denominamos como realidad virtual.

 

El término “virtual”, sin embargo, no resulta del todo específico para dar cuenta del espacio y el entorno que nos abren estos objetos. Hablar de lo “digital” tampoco termina de dar cuenta de las tecnologías de red e Internet restringe su referencia únicamente al espacio de conexión dejando de lado los entornos offline. Dado que éstos términos nos resultan inadecuados o incompletos preferimos hablar de la realidad “Diginet”. Lo Diginet pretende dar cuenta del tipo de entorno virtual específico que crea la combinación entre tecnologías digitales y tecnologías de red. Comprendemos este entorno como un nuevo territorio existencial abstracto, codificado, interconectado e interactivo.

 

La lógica de este nuevo ambiente es la de la conexión, definida por Franco Berardi como: "(...)una concatenación operativa entre agentes de significado previamente formateados (cuerpos o máquinas) que han sido codificados o formateados de acuerdo a un código. La conexión genera mensaje cuyo significado sólo puede ser descifrado por un agente (cuerpo o máquina) que comparta el mismo código sintáctico que generó el mensaje. (…) La conexión supone un proceso por el cual los elementos que necesitan ser conectados deben volverse compatibles." 9

 

A diferencia de lo que sucede en la realidad física en donde los cuerpos y los objetos se relacionan bajo una modalidad que el autor denomina “conjuntiva” sin obedecer a una ley previa o finalidad marcada y en donde siempre hay un punto de incertidumbre, en la esfera conectiva no hay margen para la ambigüedad.

 

Por estas características otra ley de lo Diginet es la del registro. Dado que se trata de un espacio codificado, las posibilidades de acción están previamente diseñadas y determinadas por normatividades algorítmicas, lo Diginet funciona como un suelo de arena. Allí cada gesto, cada movimiento deja una huella, un registro, un dato sobre el que es posible volver.

 

La ubicuidad es también un rasgo fundamental de este nuevo territorio existencial, en cuanto posibilidad que le da al sujeto de hacerse presente simultáneamente en distintos lugares. Según André Lalande esta palabra significa “el carácter de un ser que se halla presente en todos lados”.10 La ubicuidad designa el hecho de poder actualizar, hacer presente una misma entidad en diferentes lugares al mismo tiempo. Ferrater Mora explica que el adverbio latino “ubi” que generalmente se traduce por “lugar”, debería traducirse más bien por el adverbio “dónde”.11 En efecto, esta traducción resulta más justa porque el adverbio ubi  se corresponde con la palabra griega που, y éste último sirve para determinar el lugar donde se halla eso de lo que se está hablando. Es la palabra latina locus, aquello que los griegos llamaban τόπος y que Aristóteles usa en su teoría del espacio, la que debería traducirse por “lugar”. Ubi entonces hace referencia al/los contexto/s de aparición de la cosa, y no necesariamente a un espacio físico, la imaginación, por ejemplo, puede ser el ubi de una idea.

 

Lo Diginet nos permite estar presentes en varios ubis al mismo tiempo, sin embargo, nuestro cuerpo nos sigue anclando a un aquí y ahora físico específico. La ubicuidad no elimina el peso de la carne ni la extensión de la materia, porque ella se ejerce sobre el desdoblamiento de éstos como cuerpo abstracto, datificado (volveremos más adelante sobre este término). En este sentido, no resulta adecuado postular que somos sujetos “deslocalizados” como tanto se afirma, pues somos sujetos “deslocalizados y localizados” al mismo tiempo.

 

6. EL MODO EN EL QUE NOS EXTERIORIZAMOS EN LOS OBJETOS DIGITALES: LA DATIFICACIÓN

 

Llegados a este punto debemos preguntarnos ¿de qué modo el sujeto se exterioriza en el objeto digital? Para que el sujeto pueda entrar en el espacio que éste abre, en lo Diginet es necesario que se haga compatible con el contenido de un algoritmo, que pueda formar parte de un código, es decir, debe transformarse en un dato. Por ello, al proceso de exteriorización subjetiva en los objetos digitales lo llamaremos la “datificación”.

 

Este proceso implica un cambio radical respecto a otros procesos de exteriorización objetual. En efecto, antes de la llegada de los objetos digitales el sujeto introducía los objetos dentro el ambiente vital del cuerpo, es decir, en la realidad física. Los objetos, a pesar de ser inorgánicos, se hallaban en correspondencia con la realidad vital orgánica. De la abstracción de la imaginación los objetos pasaban a la concreción física.

 

El objeto digital produce un inversión de esta dinámica, porque es el primer objeto que abre un nuevo tipo de realidad inorgánica, pero vital. Ahora es el sujeto el que se introduce en un ambiente vital que es propio del objeto técnico, lo Diginet. Lo Diginet se presenta como un una realidad no viva pero vital, un nuevo territorio existencial en el que un yo inorgánico adquiere continuidad y autonomía y convive con un cuerpo orgánico. Por otro lado, dependemos vitalmente de su funcionamiento, pensemos que si estas tecnologías por alguna razón colapsaran, colapsaría con ella la sociedad contemporánea.

 

El objeto digital a diferencia del resto de objetos no funciona como una sutura que cose el abismo que separa al sujeto de su realidad natural, sino que abre una nueva realidad artificial e inserta al sujeto en ella. Más que un puente con la realidad, el objeto digital ejerce una adición12 de realidad.

La datificación es el fenómeno de migración e implementación del sujeto en los objetos técnicos mediante la traducción a un lenguaje abstracto, matemático y binario de las dimensiones propias del “yo-cuerpo”. Se trata de una externalización de los gestos, las emociones, la apariencia, los pensamientos, los lazos sociales y afectivos y su fijación como datos digitales. De manera que se genera un segundo soporte de presencia que podríamos denominar el “yo datificado”.

 

A través de este proceso el cuerpo se vuelve compatible con elementos que conforman el  espacio Diginet. Y en este desdoblamiento y exteriorización técnica la imagen de sí se multiplica, prolifera, gana autonomía y se esparce en diferentes direcciones. Conservando siempre su presencia física y actual, el sujeto gana ubicuidad y es susceptible, en todo momento, de ser duplicado y de aparecer en otro lugar, a distancia, desde su yo-datificado.

Existen diversas maneras en las que el cuerpo se exterioriza en el mundo Diginet, pero todas ellas pueden dividirse en dos grandes grupos, uno en el que se da a partir de la creación consciente y voluntaria del dato y otro en el que la producción del dato es fruto de un automatismo de captación técnica. Estas diversas formas de datificación conforman el cúmulo de data personal que constituye lo que se denomina “identidad digital”.

 

7. SUPERPOSICIÓN DE REALIDADES Y DE SOPORTES DE PRESENCIA

 

Los objetos digitales otorgan nuevas modalidades y soportes de aparición del ser desde una dinámica fragmentada, desde sus diversos perfiles en redes las sociales, avatares de videojuegos, archivos de diverso formato, cuentas de correo electrónico, imágenes, videos, o simplemente como operaciones asociadas automáticamente a una identidad digital.

 

El efecto que produce la datificación sobre la subjetividad se presenta como una densificación y distribución de la presencia. Ella supone el esparcimiento de una gran cantidad de datos personales que multiplican las formas en la que el individuo se fenomeniza. Y así suma diversas capas de “apariencia” que hacen que el sujeto se halle disponible en línea desde una ubicuidad global y atemporal tanto para otros sujetos como para otros objetos digitales.

 

De esta manera, puede ser visto por más personas, acceder a más imágenes (exteriorizaciones) de sí mismo, ser leído y procesado por diversos complejos algorítmicos, captado por otros objetos técnicos, duplicado, registrado y guardado en memorias internas, externas o en centros de datos.

De esta manera el individuo convive con una superposición de soportes de presencia, uno orgánico, el cuerpo, y otro inorgánico, el objeto técnico. El sujeto contemporáneo debe lidiar con dos soportes de presencia que lo insertan en realidades que difieren enormemente la una de la otra y que le otorgan distintos modos y posibilidades de ser. Su dinámica diaria está formada por pasajes y permutaciones de una a la otra. La conexión supone la desconexión, estamos inmersos mirando nuestro móvil y repentinamente debemos volver a nuestro soporte físico porque ha llegado la parada en la que debemos bajarnos de bus. Estamos constantemente cruzando del espacio Diginet y al espacio físico, de las piernas moviéndose, a los clicks.

 

Vivimos en una realidad problemática, en un mixtura e interrelación de realidad física y Diginet.  Nuestro territorio existencial es una heterotopía. El tercer principio que Foucault le da a las heterotopías es el poder de yuxtaponer en un solo lugar real diversos espacios y emplazamientos, incompatibles entre sí. El cuarto principio es que las heterotopías se relacionan con cortes de tiempo que abren heterocronías.13

 

La contradicción hace frente hoy más que nunca: ella es nuestro modelo lógico y nuestro principio ontológico. Se trata de una contradicción irreductible, que no puede resolverse dialécticamente. Asistimos a la superposición de espacios y regímenes de ser contradictorios que conviven, se solapan y se superponen, conformando un ambiente vital de tensión existencial. En esta tensión producida por fragmentos, permutaciones, intervalos, on-offs, pasajes, giros, conexión, desconexión y mutabilidad, es donde viven y emergen nuevas las nuevas formas de corporeidad y subjetividad.

 

8. DESEQUILIBRIO EN LOS MODOS DE ARTICULAR NUESTROS SOPORTES DE PRESENCIA

 

La profusión desbordante de “imágenes de sí” que genera la datificación produce una sensación de sublimación y control sobre el inconsciente subjetivo corporal. Frente a la negatividad corporal, la datificación se presenta como pura positividad y por ello resulta sumamente atractiva o más bien, adictiva. Esto produce un desajuste en la articulación de nuestros soportes de presencia.

 

Dejando al cuerpo como soporte cada vez más accesorio, nos entregamos frenéticamente a nuestro “yo-datificado” porque en cuanto proliferación y superabundancia de imágenes de sí  contiene la promesa de totalidad y de auto-exhaustividad. La datificación como manifestación discreta del ser, se presenta como una objetivación de equilibrio estable que alimenta la ilusión de la completa autoscopia y auto-decodificación. Así, engendra fantasmas de trascendencia, pues sólo cuando se ha alcanzado la totalidad es posible trascender. Esta es la ilusión de la que beben las posturas posthumanistas.

 

Autores como Raymond Kurzweil anuncian la llegada de la Singularidad (etapa de la autonomía y emancipación tecnológica) que se produciría por la sinergia y el crecimiento exponencial de la GNR (genética, nanotecnología y robótica). El autor postula que la existencia humana está constituida de diferentes niveles de “información” y que cada forma de inteligencia (pintura, literatura, música, ideas e ingeniería científica) puede ser expresada y decodificada como información digital. Esta tesis se apoya en la teoría del matemático Stephen Wolfram, según la cual la vida biológica se genera a partir de autómatas celulares que contienen,  a la manera de los algoritmos, un sistema basado en reglas fijas y resultados predeterminados, pero que terminan por crear una complejidad exponencial, en constante aumento y expansión.14

 

Todo cuerpo, inasible para sí mismo, supone la abstracción y la alienación. Y en función de cómo éstas se articulan con lo concreto, empodera o debilita al cuerpo. La datificación como abstracción y registro numérico de lo efímero, de lo fugaz, de lo carnal, encierra una vocación de totalidad y exhaustividad que se manifiesta como delirio obsesivo-compulsivo de autopóiesis. En su afán de verse, el hombre comienza a percibirse como información que es necesaria producir y acumular.

 

Los objetos digitales funcionan, de esta forma, como espejos técnicos que generan la profusión, densificación, difusión y acumulación del yo. Con ellos hemos entrado en la etapa de la economía postindustrial, una economía que en lugar de poner el valor en el objeto, en el producto, convierte al sujeto en el producto. A este respecto Baudrillard afirma: "Hay algo aquí a nivel de toda la economía política, de lo que describe Lacan en el estadio del espejo: a través de este esquema de producción, la toma de conciencia de la especie hombre en lo imaginario. La producción, el trabajo, el valor, todo aquello por lo cual emerge el mundo objetivo y por donde el hombre se reconoce objetivamente, todo eso es lo imaginario en el que el hombre persigue el desciframiento incesante de sí mismo a través de sus obras, finalizadas por su sombra (su propio fin), reflejado por ese espejo operacional, esa especie de ideal del yo productivista, no sólo en la forma materializada de la obsesión económica de rendimiento, determinada por el valor de cambio, sino mucha más profundamente en la sobredeterminación por el código, por el espejo de la economía política, en esa identidad que el hombre reviste ante sus propios ojos cuando ya no puede pensarse sino como algo que hay que producir, transformar, hacer surgir como valor. Notable fantasía que se confunde con la de la representación, donde el hombre deviene en sí mismo su propio significado, interpreta el rol de un contenido de valor y sentido, e un proceso de expresión y acumulación de sí mismo cuya forma se le escabulle." 15

 

¿Y qué es lo que sucede mientras nos entregamos frenéticamente a la datificación? ¿Mientras habitamos nuestro cuerpo técnico? El resultado de este desajuste en la articulación de nuestros soportes de presencia es un despotismo del yo-datificado frente al yo-cuerpo. Los efectos formativos de la imagen de sí datificada comporta una migración de lo Diginet a lo carnal, importando características y exigencias inorgánicas a un plano orgánico.

 

La datificación es el movimiento de lo somático a lo Diginet y de lo Diginet a lo somático. Es decir, este proceso señala al mismo tiempo cómo los cuerpos se datifican, y como lo Diginet se corporiza, se encarna en nosotros, en nuestros modos de ser, en nuestros hábitos, en nuestros gestos, en nuestro ritmo, en nuestros códigos afectivos. En síntesis no se trata sólo de ver como la realidad física viaja al mundo virtual sino cómo lo virtual vuelve a nosotros y reestructura nuestra existencia y modos de ser.

 

9. ESQUIZO-EXISTENCIALISMO: IMPOSIBILIDAD DE RECUPERAR LOS PEDAZOS DE SÍ

 

En razón de que el sujeto posee soportes que lo insertan en ambientes vitales compuesto por realidades que difieren enormemente la una de la otra y que estos soportes no se articulan de forma equilibrada, el ser contemporáneo vive en una esquizofrenia que más que patológica, resulta existencial. Esto viene a decir que el modo de ser contemporáneo por norma y no por desviación patológica de ella, está definido por un ambiente vital escindido y una aprehensión problemática de la realidad.

 

El hombre puede deslocalizar su presencia o incluso sus puntos perceptivos, pero lo que no puede deslocalizar es su experiencia. La experiencia es la vivencia de un cuerpo que reúne, asocia y asimila diversos inputs sensoriales con una personalidad ya existente. Así, en su experiencia diaria el cuerpo tiene que lidiar con un volumen enorme de información que entra en juego con su presencia datificada y al mismo tiempo con la capacidad cerebral y de atención limitada que le impone su cuerpo para asimilarla; con la posibilidad de estar en todos lados, de poder fenomenizarse en cualquier parte del globo y con estar anclado siempre a su aquí y ahora, al lugar en que se halla su cuerpo en cada caso; con la posibilidad de customizar y controlar su imagen, de editarla, borrarla, mejorarla y su concreta apariencia física; con el ritmo acelerado de la tecnología y con su propio ritmo orgánico. Lo que sucede es un traslado del tiempo cuantitativo del objeto digital al tiempo subjetivo corporal. El yo-datificado le exige al cuerpo que funcione a la velocidad de los bits.

 

La disociación entre la realidad y modos de ser que le abre al sujeto su cuerpo (la realidad física) y su cuerpo de datos (lo Diginet), provoca que sea imposible generar una percepción unitaria de su “esquema corporal”.

 

El σώμα es el cuerpo viviente y “sintiente”, es el lugar donde se genera la experiencia. Éste requiere de una percepción, de una atención dirigida, de una intencionalidad y una capacidad de síntesis que se interioriza como una afección, una sensación de placer o de dolor, identificación o rechazo. El objeto técnico es el cuerpo extendido como materia inerte, no “sientiente”, es un nuevo soporte de la presencia, pero no llega a ser un nuevo τόπος de la experiencia, él puede simplemente activar experiencias en el σώμα.

 

Pero el hombre no sólo se exterioriza en los objetos digitales, que le abren un nuevo tipo de realidad, sino que a su vez ha delegado en ellos la tarea hermenéutica de sí mismo. Para poder lograr una percepción unitaria de nuestro esquema postural es necesario que seamos nosotros mismos los encargados de interpretar las imágenes especulares en las que nos exteriorizamos. El problema con la datificación, es que genera imágenes de sí conscientes y además un enorme número de trazas inconscientes. Esta superabundancia y proliferación de imágenes de nosotros mismos nos desborda. Ya no somos nosotros quienes podemos interpretarlas y darles un sentido o una unidad, porque no tenemos la capacidad física para ello. Hoy es la técnica la encargada de hacerlo, los algoritmos, los sistemas de inteligencia artificial, los modelos predictivos, los superordenadores de los centros de datos. Actualmente son estos agentes los que asumen la tarea hermenéutica de las exteriorizaciones subjetivas.

 

Esta tarea interpretativa determina las posibilidades de ser y de “devenir” del sujeto. De esta forma, a los cuerpos se le arrebata su autonomía socavando su dimensión intencional. Mientras los hombres se “objetualizan”, los objetos se “subjetivizan”. La técnica interpreta y concibe plásticamente nuestra identidad. Buscando la autonomía, la visión y posesión total de nosotros mismos, hemos llegado a las puertas del totalitarismo técnico.

 

El esquema postural está estrechamente ligado a nuestra vida psíquica, no se trata simplemente de capacidades motrices. No existe una separación entre la percepción y la acción o entre la imaginación y el sentimiento de una emoción. Poder percibir, interpretar y sintetizar las imágenes de nosotros mismos es lo que nos permite que seamos sujetos de enunciación y que dirijamos con voluntad e intencionalidad nuestros actos, que seamos sujetos empoderados.

 

La subjetividad contemporánea que no logra hacer una síntesis con los pedazos de sí, parece sufrir un síndrome de inferioridad frente al objeto, al cual ve bajo la figura de totalidad cerrada en sí misma. En lugar de reconocerse en él, de establecer un diálogo activo con él que le permita tender puentes con su realidad, espera que éste lo defina asimismo como totalidad de equilibrio estable. Por ello, nuestra generación no logra manifestarse con acciones coherentes, ni tiene fuerza política. El consumismo que reina en nuestra época es el síndrome del desajuste psicofísico que genera en el sujeto el ambiente vital dicotómico y contradictorio que han abierto los objetos digitales, en el que el cuerpo queda reducido a gestos mínimos y a una función accesoria.

 

Notas

 

1 Jean BAUDRILLARD, Le système des objets, Gallimard, Paris, 1968.  p.38. Trad. personal. Texto original: “L’’objet : ce figurant humble et réceptif, cette sorte d’esclave psychologique et de confident tel qu’il fut vécu dans la quotidienneté traditionnelle et illustré par tout l’art occidental jusqu’à nos jours, cette objet-là fut le reflet d’un ordre total, lié à une conception bien définie du décore et de la perspective ; de la substance et de la forme. Selon cette conception, la forme est démarcation absolue entre l’intérieur et l’extérieur. Elle est contenant fixe, l’intérieur est substance. Les objets ont ainsi – les meubles tout particulièrement – en dehors de leurs fonction pratique, une fonction primordiale de vase, qui est de l’imaginaire. Q quoi correspond leur réceptivité psychologique. Ils sont ainsi le reflet de toute une vision du monde où chaque être est conçu comme un « vase d’intériorité », et les relations comme des corrélations transcendantes des substances – la maison elle même étant l’équivalent symbolique du corps humain dont le schème organique puissant se généralise ensuite dans une schème idéal d’intégration des structures sociales”.

 

2 Gilbert SIMONDON, L’individuation à la lumière des notions de forme et d’information, Presses Universitaire de France, Paris, 1964, p. 5. Trad. personal. Texto original : “L’individuation correspond à l’apparition de phases dans l’être qui sont les phases de l’être; elle n’est pas une conséquence déposée au bord du devenir isolée, mais cette opération même en train de s’accomplir, on ne peut la comprendre qu’à partir de cette sursaturation initiale de l’être sans devenir et homogène qui ensuite se structure et devient, faisant apparaître individu et milieu, selon le devenir qui est une résolution de tensions premières et une conservations de ces tensions sous la forme de structure”.

 

3 Jaques LACAN, “Le stade du miroir comme formateur de la fonction du je, telle qu’elle nous est révélée par l’expérience psychanalytique”, Revue Français de Psychanalyse 13 (1949), pp. 449-455, p. 449. Trad. personal. Texto original: “Mais le point important est que cette forme situe l’instance du moi, dès avant ça détermination sociale, dans une ligne de fiction, à jamais irréductible pour le seule individu, - où plutôt, qui ne rejoindra qu’asymptotiquement le devenir du sujet, quel que soit le succès des synthèses dialectiques par quoi il doit résoudre en tant que je sa discordance d’avec sa propre réalité.”

 

4 Jaques LACAN, “Le stade du miroir…, p. 451.

 

5 Paul SHILDER, L’image du corps. Étude de forces constructives de la psyché, Gallimard, Paris, 1950, p. 35.

 

6 Paul SHILDER, L’image du corps…, p. 40.

 

7 Véase Gilbert SIMONDON, L’individuation…, p. 9.

 

8 Mark WEISER, “Some Computer Sciences Issus in Ubiquitous Computing”, CACM 36 - 7 (1993), pp.75-84, p. 75. Trad. personal. Texto original : “A few places in the world have begun work on a possible next generation computing environment in which each person is continually interacting with hundreds of nearby wirelessly interconnected computers. The point is to achieve the most effective kind of technology, that which is essentially invisible to the user. To bring computers to this point while retaining their power will require radically new kind of computers of all sizes and shapes to be available to each person. I call this feature world « Ubiquitous Computing »” Artículo disponible en línea : http://www.ubiq.com/hypertext/weiser/UbiCACM.html (última consulta: 04/02/2016).

 

9 Franco BERARDI, AND. Phenomenology of the end, Semiotext(e), South Passadena, 2015, p. 21.

 

 10 André LALANDE, Vocabulaire technique et critique de la philosophie, Research Publication of Columbia University Library, New York, 1993 (1926 1era ed.), p.480.

 

11 Véase José FERRATER MORA, Diccionario de Filosofía, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1979 (1941 1era ed.), p.844.

 

12 Evitamos utilizar la palabra “aumento”, porque la frase “realidad aumentada” da la idea de un incremento de un mismo tipo de realidad, y lo que queremos expresar aquí es la suma de otra realidad distinta.

 

13 Véase Michel FOUCAULT, Foucault. Dites et écrits II, 1976-1988, Gallimard, Paris, 2001, p. 1577.

 

14 Véase Raymond KURZWEIL, La singularidad está cerca. Cuando los humanos trascendamos la biología, Lola Books, Berlín,  2012.

 

15 Jean BAUDRILLARD, El espejo de la producción, Editorial Gedisa, Barcelona, 2000 (1973 1era ed.), p.12.